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EL ODIO A LOS CHILENOS

SANO SENTIMIENTO NACIONAL
Hay muchas cosas que nos pueden gustar o no de nuestro país, sin embargo hay una actitud natural y espiritual a la cual el hombre y las sociedades sanas nunca pueden renunciar. Ese es el sentimiento de identidad y vinculación con el territorio que nos vio nacer y el cariño por la comunidad de la cual somos parte y con la que compartimos penas y anhelos, tristezas y alegrías.
Cuando perdemos esos sentimientos algo muy malo nos ha ocurrido. Hemos perdido nuestro vínculo con la naturaleza y las leyes divinas, ese orden que obliga a cuidar al grupo, la familia y la comunidad.
Cuando el egoísmo hace creer que el propio pueblo no importa se ha perdido un instinto de conservación básico, ese actuar en común y preocupación por la cohesión del grupo humano que nos dio la vida así como las posibilidades de surgir y progresar.
En la modernidad la forma en que se organizan los grupos humanos o pueblos es en la nación a través de un Estado. Es a esa idea cultural a la cual se le proyectan todos los instintos de cooperación comunitaria.
La nación no es una idea abstracta y jurídica sino que es el mismo pueblo o comunidad consciente de su particularidad y destino.
Este sentimiento no tiene relación con categorías de superioridad o inferioridad, más bien tienen relación con las características naturales que diferencian a los pueblos, la riqueza derivada de la diversidad, la importancia de la existencia como grupo humano y la deuda que tenemos con su preservación.
El amor a la patria no es un sentimiento vago e irracional. Es una condición espiritual de los individuos que respetan profundamente el marco natural desde el cual ellos mismos surgieron así como sus antepasados y descendientes. No se trata de reverenciar símbolos, banderas, himnos o gestas históricas, esas son externalidades de algo mucho más profundo, son derivados de un instinto básico que impulsa a todos los organismos de la tierra a colaborar con aquellos que considera sus iguales procurando siempre y en primer lugar el bienestar comunitario por sobre el de otros grupos humanos. Esa es una sabia ley de la naturaleza sólo rechazada por los verdaderos irracionales, por gente ilusa que se cree superior a la naturaleza y su orden.

SENTIMIENTO ANTINACIONAL
Sin embargo, en todas las sociedades se cultiva el sentimiento antinacional, el odio al país, su pueblo, cultura y territorio. Es una especie de virus invasor que a veces se extiende hasta el punto de hacer peligrar la existencia de toda la comunidad.
Parte como algo solapado, escondido, disfrazado. Generalmente se rodea de mucha argumentación vacía, palabras que confunden, abstracciones del pensamiento. El ciudadano común no tiene armas argumentativas en contra de esa retórica sin embargo, sabe en el fondo de su espíritu que algo anda mal.
En Chile este germen autodestructivo siempre ha existido. No se remite sólo a la lucha política o la discusión pública. Es algo mucho más profundo y enfermizo. Es un verdadero odio visceral hacia los chilenos, una patología autodestructiva propia de mentes trastornadas.

EL ODIO A LOS CHILENOS
El sentimiento antinacional en nuestro país se manifiesta en una verdadera aversión hacia la gente del pueblo de Chile, su cultura y su historia. Va generalmente acompañado de verdaderas ganas de infringirle males y sufrimiento.
Puede parecer inverosímil pero este tipo de gente realmente existe al interior de las sociedades. Es un factor psicológico que se basa en el egoísmo más extremo, en la completa disociación con el alma colectiva y con la profundidad del territorio.
Los peores agentes a la hora de odiar a Chile son chilenos. Ningún extranjero puede odiar tanto a nuestro país como alguien que lo haga desde adentro. Tampoco ningún daño puede ser peor que el provocado por la traición y el odio hacia lo propio.
Estos agentes del odio a los chilenos son en verdad un reducido pero dañino número de chilenos seducidos por la ideología globalizante y cosmopolita. Se creen más importantes y superiores a los chilenos en general y les enferma ver sentimientos sanos, vitales y enaltecedores incrustados como valores culturales extendidos.

DESTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD
La identidad nacional cohesiona y permite el sentimiento espiritual de vinculación a un lugar y una comunidad. La identidad nacional facilita el bien común y la justicia social.
Los que odian Chile siempre van a tratar de disolver la identidad. Los que odian Chile van a debilitar ese sentimiento desfigurando la identidad, riéndose de ella y de su importancia.
A medida que su desequilibrado mensaje se va abriendo paso los individuos sanos van quedando aislados, debilitados y dudosos de sus propios sentimientos naturales. Una verdadera tortura psicológica los perturba.
Pero cuando las voces de la comunidad sana y vigorosa se alzan en protesta frente a la destrucción nacional, aquellos que por años habían sido hipnotizados por las ideologías disolventes sienten vibrar nuevamente su corazón ante el llamado del orden natural.

DESTRUCCIÓN DE LA SOCIEDAD
Una vez que la identidad nacional ha sido debilitada es mucho más fácil socavar la estructura social. Los pueblos sin identidad no ofrecen grandes resistencias cuando son atacados. Debilitar la identidad y fragmentar la comunidad son estrategias básicas de aquellos que odian Chile.
Los que odian Chile aman a la idea abstracta de la humanidad. Por eso sus acciones y políticas no consideran el bienestar de los chilenos sino que se enmarcan en utópicos planes mundialistas que finalmente tienen como ganador a una difusa pero real elite político económica sin patria ni identidad.
Las políticas globalistas —vengan desde la ONU, la Cepal, el FMI, el Foro de Sao Paulo o Wall Street— tienden a mantener en la precariedad económica a los pueblos
—empréstitos usureros, imposiciones estructurales, etc.—, o a fragmentarlos a través de luchas fratricidas artificialmente radicalizadas —minorías sexuales o étnicas, sindicalismo intransigente, etc.

IDEOLOGÍA DEL ODIO
La gente que odia Chile transmite su veneno a través de ideologías bastante identificables. Es el pensamiento que habla de la eliminación de las diferencias ya sea entre etnias, pueblos, culturas, jerarquías e incluso entre los sexos.
Estas ideologías parten cooptando y desvirtuando iniciativas valiosas —como los avances del rol de la mujer en la sociedad, la ecología, el rescate de las culturas aborígenes o la cooperación o unificación económica de las naciones. Las modifican y se las apropian a través de ideas alambicadas, vueltas conceptuales y reduccionismos patéticos.
Una vez que esas organizaciones son infiltradas les cambian su sustento ideológico orientándolas a la crítica social y a la focalización de conflictos internos.
Estas ideologías mundialistas actúan en varios frentes. Hay opciones para todos los gustos. Ricos y pobres, derechistas e izquierdistas y todo tipo de sensibilidades tienen una opción ideológica para enredarse en las mallas del autodestructivo odio hacia la propia comunidad e identidad.

CAOS MIGRATORIO
Una típica forma de odio a los chilenos es a través de las políticas y lobbies orientados al reemplazo de la población autóctona por medio de una inmigración masiva, poco selectiva y de efectos económicos regresivos.
Este proceso es justificado siempre con argumentos sentimentales pero sin embargo evade hablar de las consecuencias económicas y sociales.
Levantar la voz en contra de la inmigración contraria a los intereses nacionales es catalogada siempre de racista y xenófoba. Pero la crítica de los individuos sanos de la nación no es en contra del inmigrante sino que está orientada a los que odian Chile y utilizan esta cruel arma como forma de destruir a la comunidad.

La nación que no es capaz de resguardar su soberanía y defender a su pueblo está realmente podrida. Es el más claro símbolo de debilidad vital y languidecimiento cultural.
Las organizaciones promigrantes, los gobiernos débiles frente al tema de inmigración y los entes del Estado poco decididos a resguardar la soberanía son los agentes más efectivos de esta forma de odio a los chilenos. Son organizaciones verdaderamente criminales.

DESTRUCCIÓN DE LA FAMILIA PROCREADORA
Otra de las formas más comunes para destruir un pueblo es impidiendo que se reproduzca de forma que logre mantener o incrementar su población. Esto se logra destruyendo la figura cultural de la familia procreadora, la importancia de la unión heterosexual y la identidad sexual.
La familia procreadora se sustenta en la atracción instintiva entre hombres y mujeres. Este es un instinto natural orientado a la preservación.
Debilitar la identidad de lo que significa ser un hombre y lo que significa ser una mujer atenta en contra de la familia procreadora, algo totalmente contrario a cualquier instinto o sentimiento vital sano. Por lo mismo, relativizar la importancia cultural y jurídica de la institución de la familia procreadora es un crimen a las leyes de dios y del hombre.
Los que odian Chile han puesto sus ojos especialmente en los niños. Confundir su identidad de forma temprana es una eficaz medida para evitar que la familia procreadora sea vista como la forma más natural de vida entre las parejas.
Las organizaciones de derechos LGTB, el feminismo ideológico antinacional y los partidos autodenominados progresistas son los agentes más efectivos de esta forma de odio a los chilenos.

ECONOMÍA GLOBALITARIA
El emprendimiento individual y la voluntad para progresar son también instintos naturales y sanos. El espíritu emprendedor beneficia al individuo y, en las naciones con economías sanas, también beneficia a la patria en su totalidad.
Pero para los que odian a los chilenos la nación es un estorbo en sus planes de riqueza sin límites. Sueñan con un gran territorio mundial donde puedan hacer sus negocios globalitarios contratando la mano de obra más barata que se pueda encontrar en el mundo para luego vender a la mayor cantidad de gente a lo largo del globo.
Eliminar las diferencias culturales y derribar las fronteras es un paraíso y gran anhelo para los mercaderes globalitaristas. Su egoísmo sin límites trae como consecuencia irremediable el fin de los territorios soberanos y por lo tanto la disolución de los pueblos y naciones del mundo.
La derecha política y los socialistas renovados, los gremios empresariales rendidos al globalismo, aquellos defensores del capitalismo liberal y el sistema financiero mundial son los agentes más efectivos de esta forma de odio a los chilenos.

 INTERNACIONAL OBRERA

Así como hay empresarios y emprendedores preocupados por Chile y también los que por codicia odian al país, también hay defensores de los derechos de los trabajadores de un profundo sentido de lo nacional y otros intoxicados por los sueños de un mundo sin fronteras dominados por una sola clase social, el proletario internacional.
El trabajador lucha siempre por su existencia y la de su familia. Ese es el mayor incentivo laboral. Este mismo sentimiento se extiende a su familia más extensa, la totalidad del pueblo de Chile.
Pero los que odian Chile utilizan la ideología de la igualdad entre los trabajadores del mundo como forma de odiar a otros chilenos. Esta ideología del odio promueve la lucha de clases fratricida, la envidia y el resentimiento, ahogando los sentimientos de superación y cooperación.
La izquierda política, las organizaciones sindicalistas apátridas, los movimientos comunitaristas y los defensores del marxismo y socialismo internacionalista son los agentes más efectivos de esta forma de odio a los chilenos.

IGUALITARISMO
Otra forma de odio a los chilenos es la de promover la falsa idea de la falta de diferencia en la humanidad.
Algo tan evidente, tan claro y natural como la diversidad entre los pueblos del mundo es presentado como algo ficticio, como un sentimiento de percepción erróneo, una confusión mental, sino derechamente una enfermedad.
Los que odian Chile pretenden hacernos creer que la identidad y cultura del pueblo no tiene nada de especial, que surgió por casualidad y que no tiene valor.
Los que odian a los chilenos siempre andan buscando cualquier otra cultura para exaltar en desmedro de la nacional llegando a contradecirse con su propia ideología antiidentitaria.
Los defensores de las culturas ajenas, el indigenismo globalitarista, las ONG´s mundialistas y los centros culturales inundados de propaganda antinacional son los agentes más efectivos de esta forma de odio a los chilenos.

ELITE MUNDIALISTA
Los ideólogos del antinacionalismo, los que odian Chile, siempre son recompensados por la clase dirigente mundial. Generalmente gozan de puestos de trabajo en organismos internacionales con sueldos millonarios. Si no están trabajando en Chile haciendo desaparecer al país, están en organismos internacionales, ONG´s, empresas multinacionales o en universidades extranjeras.
Para ellos lo que sucede en Chile no tiene realmente importancia. Viven ocasionalmente en el país —ya que lo odian visceralmente— y sus fuentes de trabajo no están mayormente en territorio nacional.

SOBERANÍA POPULAR
La identidad de los pueblos, el sentimiento nacional, el cuidado de la soberanía y la justicia social son la única manera de preservar la existencia y libertad de los chilenos y de todas las demás naciones y pueblos del mundo. La autenticidad y la identidad es nuestra fortaleza.

RESPETO E IDENTIDAD
El sentimiento natural de amor a la comunidad y el propio territorio del cual surgen los individuos no significa odiar a lo distinto, a las otras culturas y sus pueblos.
Por el contrario, la autenticidad y la identidad se acrecientan en la medida en que existen otros pueblos y otras culturas con las cuales compararse. Sin ellas existiría una masa homogénea, insípida y amorfa.
La cooperación y las relaciones de respeto entre los pueblos son fundamentales para la existencia de entidades autónomas y auténticas.
Exaltar la identidad y desarrollar una vida económica y social que tenga como objetivo enaltecer a la propia nación es el sentimiento interior más natural que pueda existir. No hay que dejarse amedrentar ni tranzar en ello.
Luchar por la existencia de nuestro pueblo, su cultura y su gente es la más bella de todas las acciones, la más altruista y la más moral. Es una acción vinculada a las leyes de la naturaleza, al instinto humano y al orden divino. Y con esa tremenda fuerza como ímpetu anímico nada es imposible.

 

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